Autoconfianza en el deporte: qué es y cómo entrenarla de forma realista
Índice
Ideas erróneas de la autoconfianza en el deporte
Autoconfianza y rendimiento deportivo
Expectativas y logros en el deporte
¿Qué es la autoconfianza?
Una de las cualidades psicológicas de mayor relevancia al momento de incursionar en el mundo deportivo y que muchos entrenadores piden que esté en óptimas condiciones, es la confianza del atleta.
Ante escenarios negativos, se dice que se pierde una competencia porque no se tenía un volumen adecuado de tal componente mental y cuando se consiguen los resultados deportivos, aunando, los parámetros técnicos, tácticos y físicos, dentro del plano mental, la confianza que se tiene puede ser un factor para cometer ciertas acciones adecuadas y salir con aquel triunfo.
La confianza de un atleta debe entrenarse así como se hace con las demás herramientas que tienen un impacto directo sobre el rendimiento deportivo, la autoconfianza de un atleta debe de estar ligada con hechos reales, objetivos y que tenga los recursos necesarios para hacerle frente a una situación o, en su defecto, que esté experimentando un aprendizaje significativo que tendrá por objetivo un tiempo estandarizado de crecimiento en comprender el fundamento técnico, la forma de resolver ciertas problemáticas, cometer errores y salir de ellos.
De igual manera, retroalimentar sus fallos y sus aciertos, así como de entender que el proceso de crecimiento requiere paciencia para llegar a alcanzar su máximo potencial y objetivos planteados.
A lo que podemos decir que la autoconfianza no es pensar que se pueden hacer todas las cosas, estar plena y ciegamente convencido de que por entrenar un cierto tiempo ya se dominan algunas herramientas, también solo pensar que sí está apto para algo sin contar con un entrenamientos eficaz o, hablando de resultados, menospreciar a los rivales pensando frases como: “seguro que ganamos”; “con todo podemos”; “ellos no nos pueden ganar”; “nunca pierdo” o “esto es fácil” ya que el cerebro humano interpretará una alta confianza que a lo mejor sí se tiene.
Sin embargo, en algunas competencias deportivas se sobre piensa, logrando generar un estado de confianza a nivel psicológico muy alto que puede llegar a nublar la dificultad de un encuentro, no utilizar los propios recursos de manera adecuada, plantear objetivos inalcanzables o en su defecto que no sean objetivos a la situación a vivir, además, de las posibilidades realistas que uno tiene de lograrlo.

Más bien, la confianza es saber que una persona entienda que debe de pasar por diferentes ciclos de aprendizaje hasta comprender que tiene que dominar sus propios recursos, ya que, a través, de estos; le hará frente a una situación que demande afrontar su propio control, es decir, el decidir eficazmente con el nivel deportivo que cuenta, además de que el estrés que experimente no sea perjudicial, y si en dichos momentos así sucede, validar sus emociones para saber cómo reaccionar más adelante, entendiendo este proceso como una exposición a un ambiente de estrés de práctica o de competencia.
Ideas erróneas de la autoconfianza en el deporte
En muchas disciplinas deportivas se piensa que la confianza es cuando el deportista no tiene miedo, que esté seguro de que nada malo va a pasar o que ya ganó por el simple hecho de ser local o contar con un sistema de apoyo incondicional que no tiene el rival, etc.
Un ejemplo puede ser el boxeo, cuando están los deportistas en el pesaje, al momento de encararse suele pasar muy a menudo en aquella conferencia de prensa el menospreciar al otro boxeador, hablar mal de su tipo de combate o inclusive de su planificación o de su equipo que le rodea.
En estos momentos, al estar enfrente de los medios de comunicación, puede que estemos hablando de una confianza elevada, un sistema de afrontamiento para vencer o tapar el nerviosismo o ansiedad existente, aunando, una confianza baja. Ante todos estos componentes mencionados, se pueden especificar ciertas manifestaciones de tratar de intimidar, querer menospreciar e inclusive querer lastimar lo personal con ciertos comentarios hacia lo familiar.
Algo importante a destacar es lo que menciona el psicólogo Martens (1987); dónde acuña el término de falsa confianza; ello nos clarifica que un atleta puede representar una actitud de seguridad donde tiene una comunicación muy sólida y que nada le preocupa, sin embargo, internamente puede estar experimentando ciertos pensamientos catastróficos dónde su auto diálogo por ese momento será de evaluación interna, tal como: “qué bueno que le dije eso, de seguro el día de mañana en la pelea estará asustado”, también comentarse a sí mismo: “con eso que le mencioné de seguro lo pondré nervioso” y sabrá que aunque no esté preparado, yo como él tengo más posibilidades de ganar la pelea, etc.

Lo anterior, más allá de solo decirlo, puede jugar un parámetro crucial en la mente del propio deportista, es decir, puede estar tan seguro de lo que dijo aunque no tenga las experiencias de un entrenamiento de calidad o el recurso necesario en ese momento que el cerebro humano llega a un punto de concientización en que le permite a la mente el evadir ciertas objetividades; cosechando una máscara de ganador, impactando directamente en su motivación de ego, dejando de lado sus propios errores, sin darse cuenta que ya cometió un propio error sin justificarse e incluyendo ciertos comentarios que no justifican su rendimiento para el siguiente día.
Algunas características de la falsa confianza según Martens son las siguientes:
- – Búsqueda de reforzamientos externos a lo que dice o hace.
- – Tendencias de evitar una retroalimentación de su entrenador o equipo, hasta el responder preguntas de la prensa.
- – Negación de sus propios errores.
- – Pensar ciegamente que no hay nadie mejor que él y que nunca va a perder.
- – No tener objetivos estructurados y sistematizados para la mejora y puesta a punto de su rendimiento deportivo, desde sus acciones hasta el resultado en entrenamientos o competencias.
- – Múltiples manifestaciones verbales de que el propio deportista es el mejor.
- – Optimismo infundado.
Autoconfianza y rendimiento deportivo
Como hemos visto anteriormente, un deportista que tiene herramientas en su entrenamiento y se plantea aspectos a seguir a largo plazo, esto influirá en su actuación durante las competencias deportivas, sin dejar de lado los factores que pueden propiciar una estabilización o un deterioro. Por ejemplo, estímulos externos, ya que si el atleta domina lo que le puede ocasionar estrés, o sabe cómo responder a ello a pesar de que por naturaleza humana se genera un cierto desbalance inicial, si cuenta con los recursos necesarios para afrontarlo, su autoconfianza será estable.
En este momento es cuando el deportista empieza a vivir una mentalidad integral, es decir, si se orienta adecuadamente, se tendrá un bienestar que podrá impactar no solamente lo deportivo, sino también lo personal, familiar, social y educativo.
Un ejemplo de todo esto, citando a Brofenbrenner (1976), podemos entender que si un atleta de cualquier edad comprende sus propias actitudes, las ideologías que le rodean, y a su vez, todo esto lo potencializa, —a través de herramientas psicológicas— estaremos hablando de un individuo que generó una autopercepción para determinar que si se plantea objetivos desde el corto hasta el largo plazo, dejando de lado el sentimiento de amenaza que puede presentar un nuevo reto. Con eso, estaremos entablando un nivel de autoconfianza alto, que por consecuencia alimentará la necesidad de romper las barreras de ser cada vez mejor en la competencia experimentándola con deseos de aprender sin importar si el resultado es beneficioso o no.

Un ejemplo en los entrenamientos puede ser cuando de manera irracional, es decir, cuando se tienen pensamientos catastróficos, la persona cree que no cuenta con las habilidades necesarias para tener una práctica deportiva en óptimas condiciones.
Es aquí cuando yacen algunos pensamientos desproporcionados a hacer el ridículo, evaluaciones negativas de fallar una vez y al tener pena que predominen los errores, y no tanto los técnicos, más bien lo psicológico respecto a evaluaciones propias con pensamientos de “todos vieron que fallé”; “de seguro el entrenador piensa que soy un inútil”; “a qué vengo” o “todo me sale mal”.
Expectativas y logros en el deporte
Uno de los componentes que afecta o puede ayudar a que los deportistas tengan un balance en su rendimiento deportivo, es que conozcan sus limitantes y fortalezas actuales, ya que son características indispensables para alcanzar un objetivo y partiendo desde cuáles son sus expectativas al finalizar la competencia.
Lo que supone que los objetivos que definen su camino a seguir deberán de cumplir con que sean realistas y alcanzables para que el atleta, cuando se enfrente a ello, tenga una iniciativa para aprender y mejorar constantemente, y así su mentalidad se potencializará en las posibilidades que tiene para llegar a su cometido en un tiempo determinado.
Imaginemos que un deportista de salto cuenta con las habilidades para hacerlo, durante los entrenamientos su técnica es muy buena, también cuenta con una gran condición física y descansa constantemente cuando es necesario. Sin embargo, su entrenador al ver todo esto, nunca pensó desarrollar algún tipo de chequeo o situación que lo pusiera en un ambiente hostil o estresante como son las competencias. Al llegar el día de competir, se pueden observar algunas circunstancias que están ligadas con una expectativa realista respecto al objetivo a alcanzar y que nunca se entrenaron, las cuales son:
- – Nunca haber estado en un ambiente estresante con público, con alguna porra, con jueces y mucho menos tener un registro de sus errores ya que el entrenador solo los señalaba en la justa deportiva.
- – Aunque el chico saltaba muy bien, nunca habían saltado lo mínimo que la competencia les requería para avanzar al Nacional.
- – Estaba muy confiado por los comentarios que le mencionaba su entrenador, es decir, “eres muy bueno, el pase será muy fácil, nunca en mi vida había visto a alguien como tú”, etc.
- Como no tenía mucho tiempo entrenando, le faltaron adaptaciones para conocer cómo es el ambiente de un regional.
- No comprendió el entrenador en qué momento era justo el tiempo para poner alguna prueba que simulara la competencia y, de igual manera, no saber los microciclos de choque para una adaptación paulatina.
- Y no se establecieron objetivos de progreso en la competencia, ya que solo se orientaron por un resultado final y no tanto un aprendizaje significativo a mediano y largo plazo.

Lo anterior nos enseña a que uno de los errores más comunes de los entrenadores cuando llegan a tener a un atleta bueno en muy poco tiempo, ya sea porque “tiene talento” o “tiene mayores habilidades a otros de la misma edad”, no quiere decir que sea un diamante al que hay que cuidar y debamos de proteger y que no le pase nada malo.
Si siempre se establecen objetivos altos que todavía no está para alcanzar, esto puede generar un estrés que puede ir subiendo paulatinamente hasta convertirse en una ansiedad psicológica, fisiológica, nerviosismo, hasta algunos pensamientos intrusivos o catastróficos.
Así que una estrategia a tener en cuenta sería incluir desde un inicio un planteamiento de objetivos alcanzables, para desarrollar una sistematización de la confianza mediante un plan de acción donde se marque un rendimiento integral desde la postura del entrenador.
Confianza en el entrenador
Sea deporte individualizado o colectivo, el entrenador juega un papel fundamental no solamente en el rendimiento deportivo, también en decisiones importantes de los atletas, desde el qué puede comer, hasta las relaciones sociales, un noviazgo, la escuela en dónde estudiará y el cómo dirigirse al público o la prensa.
Esto nos especifica que cierto funcionamiento de un equipo depende, en cierta medida, de la actuación del entrenador. Varias veces podemos pensar que el entrenador no juega, que solamente dirige, sin embargo, no es así, ya que la filosofía que puede implementar en ocasiones puede que no sea la correcta.
Lo anterior debido a que, en cierta medida, las ideas no concuerdan con un plan a largo plazo o inclusive a corto, aunando, las personalidades de los atletas, el no hablar claro desde un principio, vender un proyecto que suene muy ambicioso y no sea nada acorde a la realidad y termine el equipo descendiendo o el atleta lesionándose por querer exigir más allá de sus capacidades.
El deportista, al estar inserto en un equipo, pretende externarle la mayor de la confianza a su estratega porque percibe que, por obviedad, es una persona preparada y que sabe más que el propio atleta. Sin embargo, si este punto de capacitación y experiencias no se tiene, puede que la eficacia en los entrenamientos no se planifiquen.
Es decir, que coexistan entrenamientos más rígidos hacia un objetivo que carecerán de orientación a las tareas del propio rendimiento o, en su defecto, que las planificaciones sean improvisadas. Por eso se recomienda que se tenga un equilibrio entre estas, junto a una adaptación continua para percibir de manera más objetiva, fortaleciéndose, así, la autoconfianza colectiva o individualizada.
Cuando los deportistas confíen verdaderamente en el entrenador, éste tendrá una mayor influencia sobre ellos y sus comentarios, correcciones y evaluaciones, serán muy valiosos para potenciar su autoconfianza.
Sin embargo, cuando la confianza en el entrenador apenas exista, sus intervenciones no servirán para fortalecer la autoconfianza de los deportistas o, más grave aún, podrán tener una influencia negativa al fomentar un estado de duda y desconfianza casi permanentes.

No obstante, es importante que, paralelamente, los deportistas potencien su autoconfianza con independencia del entrenador, ya que una dependencia exclusiva o muy acusada del entrenador, será perjudicial tarde o temprano.
La confianza en el entrenador resulta crucial en muchos momentos, pero sobre todo en los más críticos. Por ejemplo cuando:
- – el equipo está en una situación comprometida en la clasificación
- – después de varios resultados adversos
- – un deportista está compitiendo mal
- – un deportista suplente tiene que jugar en un partido de gran trascendencia
- – antes y durante las competiciones más decisivas
- – en el descanso cuando las cosas no van bien, etc.
En todos estos casos, la aceptación de los comentarios del entrenador y el cumplimiento apropiado de sus instrucciones, pueden depender de la confianza que tengan en él los deportistas.
Aspectos que determinan la confianza en el entrenador
La confianza de los deportistas en el entrenador depende de varios aspectos: sus conocimientos, su capacidad para transmitirlos, su experiencia entrenando equipos de características similares, su prestigio como profesional, su imagen pública, su credibilidad y su personalidad.
Este último especifica qué tan bien o mal se va a desenvolver con su equipo porque la adherencia cualitativa empieza desde este rubro para llevarla a la cancha en el corto tiempo. Sin embargo, la credibilidad por rol de entrenador puede ser el aspecto que más impacto pueda tener con sus deportistas.
Para desarrollarla son importantes dos características:
- – La primera de ellas es entender que los deportistas tienen que percibir a un entrenador cumple con sus palabras y por supuesto con los compromisos que adquiere con ellos.
- – Y en segunda parcela, que perciban que cuando el entrenador dice o hace algo, no es por capricho, porque se le ocurrió nada más, porque estaba inventando o porque no maneja sus emociones, sino, más bien es porque cuenta con un motivo realista que puede ser un objetivo sobre el que se está apoyando.
Así que, para tener una credibilidad con los deportistas, no sirven simplemente las palabras si no se confirman con hechos, por lo que se debe de estar basada su conducta en objetividad, sin comentarios que emitan las minimizaciones, tengan urgencias en sacar resultados positivos o justificar comentarios sin tener en cuenta el impacto que tendrá en el equipo.
Por ejemplo, un entrenador que asegura que todos los deportistas tendrán las mismas oportunidades y después no cumple, perderá credibilidad, porque los hechos no apoyarán sus palabras.
Otro ejemplo más específico, será cuando un entrenador de futbol que reúne a sus deportistas casi todos los lunes para analizar el partido del día anterior. En dicha reunión, sucede lo siguiente:
- – suele hacer numerosas afirmaciones e interpretaciones sobre lo ocurrido, pero casi nunca las fundamenta objetivamente
- – utiliza criterios inapropiados para evaluar lo sucedido
- – generaliza sin ningún rigor
- – destaca acciones positivas que otros días considera negativas (o viceversa) sin que existan circunstancias diferentes salvo el resultado final del partido (es decir, el día que ganan una acción le ha parecido buena y el día que pierden, la misma acción le ha parecido mala).
Aunque sus deportistas le respetan mucho por sus conocimientos de futbol y su prestigio como entrenador, ha llegado un punto en el que apenas confían en sus comentarios. El entrenador ha perdido credibilidad.
En estas condiciones:
- – ¿cómo asimilan los deportistas sus charlas anteriores a un partido, en las que intenta “motivarles” y “darles confianza”?
- – ¿cómo interpretan en el descanso sus comentarios sobre la marcha del partido?
- – ¿cómo asimilan cualquier instrucción que pueda darles a lo largo del partido?
- – ¿cómo repercute la falta de confianza en el entrenador, en la autoconfianza individual y colectiva?

Estrategias para mejorar la confianza
Para trabajar una mejora en la autoconfianza del atleta, pueden existir diferentes rumbos. Uno de ellos sería por medio del entrenador y el otro por parte del mismo deportista, hablando del primero, se pueden emplear las siguientes herramientas para potenciarla:
Modelos significativos
Para muchas personas es muy común tener un atleta a alcanzar, esto se puede utilizar para replicar ciertas características del rendimiento deportivo, por un lado, se puede generar una imitación de actitudes, diálogos, estilo de vida, aspectos técnicos, mentalidad o forma de dirigirse al público en general y compañeros, por lo que debemos de tener cuidado, ya que si se elige a un deportista de élite y está muy lejos de nuestro rendimiento, no se debe de imitar al 100% ya que sus tipos de entrenamientos y exigencias son otras.
Dicho esto, un análisis de conductas puede ser importante, sin embargo, el entrenador, puede elegir también sobre modelos competentes que muestren al deportista ciertas conductas eficaces para lograr alcanzar los objetivos de rendimiento, como puede ser también un deportista de categorías más avanzadas a él del mismo club, de otra institución sin llegar al punto de comparación, más bien, de réplica de rendimiento como lo denomina el aprendizaje vicario, preparando al deportista para poder imitar lo que se le pide.
Establecimiento de objetivos
Ayuda para manejar una perspectiva realista desde los entrenamientos hasta las competencias sin importar el grado, es decir, desde la iniciación hasta el alto rendimiento, dicha herramienta es fundamental.
El plantear los objetivos ayuda a marcar un camino y, de igual manera, a percibir que los objetivos que se plantean como equipo, desde el entrenador o ellos mismos con una guía multidisciplinaria son alcanzables. Así se confiará en un proceso propiciando experiencias de éxito.
Un ejemplo de lo anterior puede ser cuando un beisbolista tiene como objetivo conectar un hit al jardín contrario cuando se enfrenta a un lanzador que suele trabajar la parte exterior de la zona de strike. Si el objetivo es realista (es decir, el jugador posee la técnica, experiencia y preparación necesarias para ejecutar ese golpe en esa situación), confiará más en su capacidad para lograrlo que si el objetivo fuera poco realista. Además, aumentarán las probabilidades de que efectivamente consiga el hit y, al lograrlo, se fortalecerá su autoconfianza para enfrentar situaciones similares en el futuro.
Una exigencia apropiada
Debe de existir desde los entrenamientos. Un atleta puede tener muchas ganas de entrenar, someterse a diferentes escenarios para controlar su nerviosismo o hacer varias repeticiones de un ejercicio.
Sin embargo, si no contemplamos las cualidades o posibilidades actuales del deportista se puede manifestar una realidad de estrés donde:
- – el disfrute deportivo se deteriora.
- – los objetivos se empiezan a fracturar.
- – las evaluaciones propias pueden estar distorsionadas por comentarios ajenos.
Creando un análisis propio que desconfíe de su propio avance alimentando experiencias de fracaso.
Un ejemplo sería cuando un entrenador pide a los extremos de un equipo juvenil de handball que finalicen con éxito los contraataques en situaciones de uno contra uno frente al portero. Los jugadores aún no dominan esta habilidad de forma consistente, pero el entrenador insiste en que deben resolver todas las acciones con éxito. Como consecuencia, los deportistas perciben que no cumplen con las expectativas establecidas, lo que provoca dudas sobre sus capacidades y una disminución de su autoconfianza.
En este apartado, el entrenador debe tener muy en cuenta no sólo el nivel deportivo de los deportistas, sino también su estado de forma física y psicológica en cada momento de la temporada y teniendo en cuenta que deben esforzarse en plantear exigencias apropiadas, contemplando el nivel deportivo de sus deportistas y sus condiciones físicas y psicológicas en cada momento de la temporada.

Tener una buena preparación de las competencias
Hay escenarios que dependen y otros que no del mismo atleta, entrenador e institución, sin embargo, el atleta deberá de prestar atención a aspectos relevantes para rendir al máximo, ya que esto ayudará a percibir un mayor control sobre las propias cualidades y cómo conseguir sus objetivos.
Algunos de los aspectos a incluir dentro de una preparación exitosa son los siguientes:
- – Que los deportistas tengan claro qué deben hacer durante el partido, tanto para contribuir al rendimiento del equipo como para cumplir con sus responsabilidades individuales
- – Que lleguen al partido habiendo ensayado las conductas técnicas, tácticas y psicológicas necesarias para rendir al máximo nivel
- – Que estén preparados para afrontar los obstáculos, errores o imprevistos que puedan aparecer durante la competición, respondiendo de forma adaptativa y manteniendo el control de la situación.

El control de expectativas en las competencias
Es algo que debe de dominar en todas las categorías y más en el alto rendimiento, ya que se pueden especular resultados por medio de la prensa, el público en general, hoy en día las redes sociales y los comentarios de personas muy cercanas que, al apoyar, pueden hacer algún daño con sus “retroalimentaciones”.
En la medida de lo posible, en los vestidores y junto a con el psicólogo y entrenadores responsables y directivas, se deberá de abordar lo que se espera del proyecto, es decir, lo que tiene que ser un rendimiento individual y colectivo.
En general, las expectativas objetivas favorecerán el control de la confianza y estar preparado para el proyecto, lo que van a vivir y el cómo se puede desarrollar un plan de trabajo para hacerle frente a situaciones, tanto positivas como negativas, a lo largo de los entrenamientos y competencias porque se pueden experimentar tanto un exceso como una confianza baja en el transcurso de los macrociclos.
Un ejemplo de lo mencionado puede ser el siguiente: un corredor espera mantener con facilidad el ritmo planificado durante una carrera porque los entrenamientos previos han sido satisfactorios. Sin embargo, el día de la competición las sensaciones físicas no son las esperadas y el ritmo resulta más exigente desde los primeros kilómetros. Si el atleta no está preparado para afrontar esta situación, puede frustrarse, perder confianza y abandonar su estrategia de carrera. Por ello, es importante que el entrenador le ayude a anticipar posibles dificultades y a disponer de alternativas para responder adecuadamente cuando estas aparezcan.

Bibliografía
Brofenbrenner, U (1976). The Ecology of Human Development: Experiments by Nature and Design. Harvard University Press.
Buceta, J.M. (2016). Variables Psicológicas Relacionadas con el Rendimiento Deportivo. Madrid. UNED.
Martens , R. (1987). Coaches Guide to Sport Psychology. Champaign, II: Human Kinetcs. Naatanen, R (1973) The inverted-U relantionship between activation and perfomance: A critical review. En S. Kornblum (ed.) Attention and Perfomance. Londres: Academic Press.
